martes, septiembre 12, 2006

Algo que le dijeron a Mar

Mariana Bredow a usuario:

Una amiga de mi madre y muy querida mia se esta alojando aqui mientras mi madre esta en La paz. Y anoche, vio mis papeles un poco porque esta alojada en mi cuarto y vio mi poema para Jaime Saenz, te acuerdas cual? bueno pues resulta que me dice.. .Ah! yo conoci a Jaime Saez cuando era chica, cuando estaba en primaria.. su sobrinita era mi intima amiga y me llevaba a su casa a jugar. El Jaime todavia no era famoso ni mucho menos, era un tipo rarisimo que vivia con su mama y la tia y tenia un cuarto muy oscuro al que entraban a jugar de ocultas y les daba miedo porque todo estaba lleno de dibujos de muertos y de ataudes...
y dice que sobre todo se acuerda de una maqueta que hizo del bar que frecuentaba todos los dias, dice que era una cosa perfecta, que habia hecho hasta las botellitas y las tejas con carton una a una, y las sillitas y la puertita que se abria ...todo!... y ellas enloquecian por ir a ver esa maqueta.. que tiempo despues sirvio para encontrarlo una vez que se perdio de borracho y nadie sabia donde estaba... estaba en la maqueta...digo en el bar que representaba la maqueta... que raro no?
y yo pense... no estaria haciendo maquetas para teatro?...
y me conto como era la tia que decia amen a todo lo que su sobrinito decia y que lo cuidaba como a wawa y que el la queria mucho aunque tenia manias como que llegaba de la calle y tenia que ver el mantel con un cuarto de tela por debajo de la mesa y media con su mano y si no estaba asi, lo tiraba todo... asi que la tia cuidaba mucho las cosas para que esten a su gusto.

Cuenta de que una navidad ella paso con esta familia y que quedo muy asustada porque por alguna razon el Jaime se enojo y estiro el mantel con todas las cosas encima y empezo a gritar tan terriblemente que a las ninas las encerraron en un cuarto....

Y dice que habia que estar todo el dia en silencio en esa casa porque la Tia hacia que respeten el sueno del Jaime que dormia de dia y de noche chupando chupando...grave! asi que se levantaba a las 3 de la tarde y salia de su cuarto descalzo y con una bata a rayas a desayunar.
Y su madre, siempre enferma.
Y el enamoradisimo del Fachismo de Hittler vivia diciendo Hi Hittler..
y tenia un telescopio y muchos papeles desordenados y una maquina de escribir vieja... y un amigo, el doctor Orias... que ya sabes... es el que luego le ayudo a publicar etc...
y bueno, ella se acuerda que era bueno con ellas, las chiquitas, pero era un tipo espelusnante... con sus pelos parados y una voz temible.
Y eso es todo, me conto algunas cosas mas de su familia, que tienen muchos textos ineditos que se niegan a publicar y parece que es por lo del fachismo.
que te parece?... nada que no supusieramos pero igual ha sido muy interesante para mi oirla contar todo esto... finalmente poca gente lo conocio de tan joven....

ya chau.

Mar

lunes, septiembre 11, 2006

Dos poemas a mis hijitos


Mateo tu sonrisa

Como la paz de una lluvia
—o del mar violentando la espuma de agua—
en esa paz y en tu mirada brilla una luz
sonrisa de luz
y carne de los ojos húmedos que guardas atrás, en tus ojos
con la luz de nieve
—luz de agua—
—ojos de la luz—
Como si fuese tu sonrisa el agua de tu luz se acaricia a la mía cerca al mar de tu sonrisa
Como si nunca supiese que atrás de tu sonrisa se encuentra el llanto amargo de una luz que golpea al cuerpo que recién empieza
recién y apenas…. con dolor y agonía
pero tú, sonriendo
dejando la luz en libre vuelo
dejando la alegría de ver tu sonrisa en los ojos de mi alma


Grande y buen sebitas

Te sabía
—¿te acuerdas?—
tu nombre traías

Decías
y eras sólo barriga

Cuando moría
cuando el corazón de una tía se detenía
hasta el dolor desconsolado y triste se conmovía

Oscuros momentos te presidieron
largos años de tormento que no acaban nunca
nunca, nunca y jamás
persiguen sin tregua
lo sé ahora
los puedo enfrentar

Y mientras sufría, llegaste
Tenías que llegar

Tu madre
—esposa, alma aparte—
años antes
—mas de veinte, cuatro más—
en idéntico día
también se aparecía
nueva
pequeña
pura
todavía yo no existía

Justo a la mitad del día diste el aviso de tu llegada
Ya sabía
te esperaba

Cuando pasó
a tu madre abrían
y filosas dagas
me permitieron mirar tu cuerpo
era un sala fría
quirófano
carnicería

Nos acompañó una melodía que conocía
era una amiga

El carnicero hasta el codo metió para atraparte
—¡y su vientre, el pobrecito, tan agredido!—

Luz traías
intenso brillo que apagó mi noche
supremo momento que me alejó
de una sombra densa

Ella llegó para quitar
y también traerte

Si estoy vivo ahora
es por la luz y la sombra

miércoles, septiembre 06, 2006

Vacío en sal


Se imaginan el vacío en medio de la sal
y saltan y sangran cantando su grito final
así uno se siente que imagina
así se imaginan los unos que sienten en mi
dentro de esta locura nadando en cerebro

Hoy como si me hubieran arrojado una roca en la nariz
me saco mi piel para entregarla a la tierra seca y desnuda
pero la pacha me escupe, me insulta y se hace a la que no me conoce
y así solito otra vez me salgo de la cama
y me entrego a vivir el día, como si nada hubiese pasado
y como si la noche no se hubiera esfumado en horas desveladas
mirando los mounstros que soy en mi

La Paz, miércoles seis de septiembre de 2006, a las 16 y 32, piso 15

martes, septiembre 05, 2006

A propósito de la carta de Saenz


Una visión de aquello que se trata en la carta de Jaime Saenz

* Oscar E. Jordán Arandia

Para empezar, la carta de Jaime Saenz, escrita en “La Paz, 1 de noviembre de 1973.-“ y dirigida al “Señor Ricardo Bonel Valdés – Moscú” fue concebida debido a un requerimiento de parte de Ricardo Bonel Valdés —que era el hijo de un gran amigo suyo y que por la cercanía éste (el hijo) llegó a entablar también una amistad con el poeta— quien le había pedido a Saenz —entiendo que mediante su padre— que le dijera cómo podría él llegar a ser poeta… ¿qué se necesita para llegar a ser poeta?... Pero, recalco, no fue un requerimiento cualquiera pues venía de un amigo, de un entrañable amigo, y por tanto, esta carta, que nunca Saenz publicó mientras estaba vivo, pues nunca fue la intención el divulgarla cuando la escribió.
Se trata de un documento publicado por primera vez por la compañera y gran amiga suya Blanca Withuctter, en un libro titulado Memoria Solicitada, que es una especie de biografía de Saenz, y en la que da a conocer, precisamente, esa carta cuya copia le fue entregada por Saenz para que Blanca la usara como apoyo para el ensayo que esta escribiendo y con el cual optaría a una maestría en literatura, si no me equivoco en la universidad de París. El ensayo se tituló Estructuras de lo imaginario en la obra poética de Jaime Saenz, y fue publicado como un anexo en el libro Obra Poética, de Jaime Saenz (1975).
Es pues una carta sincera y personal en el sentido más estricto. El mismo Saenz apunta el carácter de la misma: “Te diré que hace tiempo quería escribirte y cuando viajó tu padre por estos mundos no hubo tiempo. Ahora me place escribirte. Ya sabes la sinceridad de mis palabras y digo lo que digo en todo momento con una soberbia y con una humildad de la gran puta. Formalismos no caben y sabrás disculpar cierta falta de orden y concierto que yo mismo noto en esta mi carta, una vez que el profundo afecto es la solo norma a que ello obedece; Y valga la aclaración de este peregrino a quien la desventura persigue y del mundo va huyendo en busca de la desventura”. Sin mencionar el comienzo mismo de la carta con estas palabras “Mi querido Gordo”, e incluso explícitamente en “Quisiera extenderme en muchas cuestiones. me interesa comunicarte mis puntos de vista, mi sentir y mi MANERA de ver. Me interesa traducir en términos tan claros como sea posible mi posición, asumida por obra de la vida misma frente al mundo, la posición en que me hallo yo mismo en mi propio mundo”.
La sentencia final en el principio
La carta comienza diciéndolo todo “La contigüidad de la muerte es la suprema gracia que puede esperar el artista” y el resto no es más que un desarrollo y una explicación de lo que esta frase expresa.
La contigüidad de la muerte, la suprema gracia, y la espera del artista. Esas son las tres bases de su respuesta a la pregunta que propició la concepción del escrito ¿cómo se puede llegar a ser poeta?
Como primer paso APRA llegar a ser un poeta habrá que llegar a experimentar la contigüidad de la muerte, es decir el haber logrado completar en vida el circuito vivir-morir-vivir. El haber pasado por la muerte, mientras se está vivo, pero atravesando la muerte y volver a la vida. De estar vivo, uno muere temporalmente, y luego sigue viviendo. “La cosa es que uno debería procurar estar muerto. Antes que ser devorado por la muerte, uno debería ver la manera de estar muerto. Pues el estar muerto significa estar en la muerte, haberse adueñado de la muerte, mientras que haber muerto significa haber sido devorado por la muerte y es cosa muy distinta”.
¿Y cómo alcanzar el estado de la muerte sin morir permanentemente y ser capaz de volver al estado existencial de la vida? ¿Cómo alcanzar el estar muerto sin morir? Saenz era un hombre que pensaba mucho en la sensación del estar muerto y en muchas partes de su obra (por ejemplo, véase la introducción de sus relatos póstumos Vidas y Muertes, o en Muerte por el tacto, Aniversario de una Visión, y en algunos capítulos de La Piedra Imán) deja claras y específicas las prácticas por el usadas para alcanzar a sentir en el estar muerto, sin morir, sin dejar de vivir pero dejando de estar vivo.
En ese estar muerto, según Saenz, es donde el poeta alcanzará aquello que le permitirá crear y materializar su obra, aquello que denomina sustancia poética y que es la matriz de la obra, lo que hace que la obra sea. Sin esa sustancia de la creación el poeta no podrá crear, y no será sino en el estar muerto donde el poeta alcanzará esa sustancia. Vale decir que sin estar muerto y sin alcanzar la sustancia de la creación no se podrá crear. “El estar muerto equivaldría entonces a una totalidad, o sea, la conjunción del morir y del vivir en que ha de nutrirse la sustancia poética, donde sólo cuentan los términos absolutos. El poeta —y se dice poeta al creador— ha de crear antes que nada la sustancia de su creación, por cuánto no podrá crear sino con esta sustancia la obra de su creación. Quiere decir que sólo se podrá crear después de haber creado, no antes. Quiere decir que el conocimiento en el vivir es insuficiente para alcanzar la sustancia de su creación, por lo que habrá que remitirse al estar muerto. Quiere decir que el estar muerto es de hecho la sustancia de la creación”.
Cuando Saenz se refiere a crear la sustancia de su creación, apunta a que no será sino con la creación de su estar muerto que el poeta podrá crear, crear el estar muerto para beber de la sustancia de la creación con lo que podrá crear el poeta su obra. Así de claro.
Cómo alcanzar la suprema gracia
El siguiente paso es alcanzar la gracia, y Saenz introduce la estrategia para alcanzar la gracia aclarando de qué es de lo que se trata ese asunto de crear. Pues será en el crear donde funda el espacio del poeta.
Y Saenz es preciso y contundente cuando se refiere al crear, que no tiene que ver con el inventar, ni imaginar ni fantasear, sino con el mirar la realidad y adentrarse en ella, sin mentiras, sin decoros y sin posturas farsantes, pues de lo que se trata es de ser verdadero. En los siguientes dos párrafos, transcribo las reflexiones del poeta y pongo fin al comentario al respecto del crear por ser suficiente lo que Saenz expresa:
“Pues el crear no es cuestión de buena voluntad ni cosa por el estilo. El crear no tiene nada que ver con nada. No cuenta absolutamente para nada aquélla Zarandaja llamada inspiración. Y mucho ojo con esta zarandaja o sea la así llamada inspiración: es cosa de ganapanes. De pelafustanes y de literatos. Pues todavía creen que escribir es inventar, imaginar y fantasear, muy ufanos de las cuatro huevadas bien bonitas que escriben entre suspiros y que leen con voz desmayada —en las veladas literarias se entiende; en las reuniones artísticas, ante espíritus selectos y delicados, ante personas elegantes y distinguidas, de gran sensibilidad poética –¿te das cuenta?.
“Pues no hay para que inventar nada. No es necesario imaginar nada. Todo esta vivo y latente en el profundo estrato de la realidad verdadera., y sólo espera ser revelado. En profundo estrato de la realidad humana encontraras todo lo irreal, todo lo fantástico, todo lo bello, todo lo monstruoso, todo lo aterrador, todo lo inhumano que hayas soñado jamás […]
Pero aquí, pasa inmediatamente a la gracia, como el supremo favor, beneficio o dádiva, por llamarlo de alguna forma. Se trata de alcanzar un estado de internación al mundo oculto que oculta en el mundo, y que ésta en él, pero por lo mismo, oculto y cubierto de un velo para la mirada de los “no iniciados en el secreto” de lo oscuro, de la alquimia y de la magia., de la “sinrazón del mundo”.
“[…] –y ya se sabe que todo tiene su precio. Nada se hace impunemente. Cuesta muy caro acercarse a la realidad verdadera, acercarse a la realidad humana” […] Me interesa, y ello es así, precisamente, en la medida en que me interesa el punto crucial, conformado por las grandes interrogantes, por las grandes dudas, por las grandes angustias que fluye a esta altura de la juventud, de tu juventud, de la juventud de un artista, quien seguramente se halla en trance de lanzar sus naves “hacia nuevas orillas” (Mussorgsky) –Hacia nuevas orillas, dispuesto como estas tú mismo a dar el salto irreversible y definitivo que te llevara en busca de la gracia.
“Pues paradójicamente la gracia tiene su precio, la gratuidad por excelencia es cosa que uno tiene que ganar, y no podrá descender de lo Alto sino por obra y por determinación de uno mismo. Habrá que quemarse, pero no será suficiente quemarse, sino que uno mismo deberá encender con sus propias manos el fuego para quemarse. Uno mismo tendrá que haber provocado el incendio en lo Alto a fin de que descienda la gracia. Y porque la gracia es cosa real y no mera palabra, encierra ignorados peligros. Exige mucha grandeza, muchos renunciamientos. Y causa muchos dolores que se difunden como hormigas en la sangre, como hormigas en el hueso, como hormigas en la carne; y así estas condenado, por mas que te rías de las hormigas. Estás condenado, en cuanto la gracia que sobre tu cabeza desciende ya es maldición mirando unos ojos en tus ojos la podredumbre ne tus ojos, que por tuyos no lo son con gran asombro ante el acabamiento con júbilo ante la esencial sinrazón del mundo, la oculta razón del tiempo, y así estas condenado mirando el dolor de la condición humana, haciendo de ti el ser real, el que crea, el que se duele, el que sufre, el que conoce la muerte y conoce el secreto así estas condenado por el peso del mundo, que gratuitamente llevas sobre tus hombros. Así se entiende la esencia diabólica de la gracia.”
El estar del artista
Finalmente, luego de referirse a la juventud y a la madurez, el poeta concluye la carta abordando el estar del artista y su responsabilidad hacia el mundo, habiendo alcanzado el derecho de ser llamado artista por la gracia, la creación, la sustancia de la creación, el estar muerte y la contigüidad de la muerte.
El asumir como condena y como misión fundamental en la vida el oficio de ser artista (es decir, poeta “y se dice poeta al creador”) implica llevar el peso del mundo sobre los hombros, pues al develar el misterio del mundo —oculto en el mismo mundo— no se podrá sino cumplir y transitar el camino verdadero de uno mismo a fin de lograr la conjunción con la totalidad (véase la primera parte).
Y para no ser redundante en algo que Saenz lo explica suficientemente, concluyo este análisis citando la parte final de la carta:
“Y ahora escucha bien mi querido Gordo, esto que voy a decirte: por el estado de gracia comprenderás en lo profundo el misterio de la juventud. Así podrás hacer todo cuanto te propongas, malo o bueno. Serás capaz de decir adiós cuantas veces sea necesario. Con el sufrimiento, con el dolor y con el adiós, habrás creado en gran parte la substancia de tu creación, y por ende, tu misterio. El misterio particular y personal para adentrarte en el misterio total. Y será necesario adivinar, será necesario descubrir, será necesario mirar fijamente y durante mucho tiempo, habrá que saber porqué llueve, porqué no llueve, porqué la tierra es como es, porqué la muerte es como es, porqué las cosas son como son. Y nada de inventos. Nada de fantasías. Solamente la verdad. Pues crear es ser verdadero. Si no lo eres no hay nada. Por eso es necesario ser humilde. Ser humilde para conocer, para encontrar la verdad. Quien es humilde será orgulloso, despiadado y soberbio; el aprendizaje de la humildad así lo determina. Y tan sólo el humilde podrá comprender el sentido de semejante contradicción, por ser humilde, y sabrá comprender todas las cosas, por ser un iniciado en el secreto de la obra (opus), a la que está ligado por indestructibles lazos de orden mágico.
“Como podrás ver, todo esto se relaciona íntimamente con el espíritu de la alquimia. El artista es un místico, al igual que el alquimista; en el ejercicio de la mística encontrará la materia prima de la obra. La obra está en función de la totalidad, para el alquimista; es la totalidad misma, no es cosa que se puede terminar. La obra es inconmensurable. La obra lo es todo.
“Largo y difícil es el camino, para el no-iniciado, fácil y corto para el iniciado; he aquí una trampa mortal para el iniciado. Una prueba de extremo peligro: Puede el iniciado avanzar diez años, veinte años, en una fracción de segundo; ya verá él si debe o no debe hacerlo. Pues en la misma medida en que vayas avanzando tendrás que ser despiadado —despiadado contigo mismo para gobernar en lo profundo.”

* Oscar E. Jordán Arandia, poeta y escritor, aprendiz de filósofo y actor consumado, veedor del mundo y brujo de posesión, padre de familia y un canalla sinvergûenza.

martes, agosto 22, 2006

El cuarto

El cuarto

Oscar E. Jordán Arandia


I

El hombre no es rey del mundo. Es parte de las cosas que participan en el tiempo, en él, que las va muriendo, poco a poco, en el espacio. Juntos transcurren su vida en el mundo, que también se va apagando.
Cosa es todo aquello que existe. Los hombres son cosas que en el pensamiento se reflejan y, alrededor, otras cosas son testigos de su vivencia.
Habitabas tú en la octava calle de la avenida ocho. Todo esto no lo sabías, pero aún así pasabas por la vida. Un cuarto tenías, único espacio que tuyo creciste que era.
Hoy te recuerdo el momento aquel que abandonaste tu naturaleza humana. En ese ocaso, sin darte cuenta, jugaste a pensar profundo, a extender los ámbitos que en tu pensamiento existían. Jugada mortal. Ruleta rusa.
La puerta se abrió y entraste al cuarto. Aquella entrada al oeste miraba, dirección que lleva al lugar donde el sol se oculta o muere. Al pisar el suelo, secretamente, sabías que de ahí nunca más vivo saldrías. Tú no elegiste nada, las cosas hacía ti fueron; ya sabes, sin embargo, que eso no es ningún consuelo.
Cerraste la puerta y diste un rápido vistazo a las cosas que en tu cuarto habían: puerta, libros, escritorio, lámpara, ventana, cama, reloj y revolver. También estabas tú que en ese momento intruso —y nada más que intruso— eras.
Te posaste en la cama, silenciosamente, porque sentiste que entrabas a un ámbito extraño y ajeno. Al borde estabas y no parpadeabas, no te movías, no pronunciabas sílaba alguna. La puerta empezó a mirarte reprochándote la entrada. Tú pudiste percibir aquello, sorprendido del palpitar de aquella madera. Entrecruzaron miradas, la tuya era la más asustada. La puerta que estaba estática no se dejó amedrentar por tu sorpresa. Con ánimo perverso empezó a curiosear tus propios pensamientos. No sabías nada de eso, sentías solamente el sentir de la puerta y tuviste vergüenza de haber confiado tanta privacidad a algo que no estaba muerto. Avergonzado, trataste de ignorarla mirando hacia el techo.


II

Tenías treinta y dos años cuando ocurrió ese suceso. A esa edad tus libros profundos eran el único tesoro que escondías. Pensar en ellos creías que en algo aliviarían tu miserable vergüenza. Bajaste la cabeza para mirarlos un poco y te encontraste escuchando cientos de voces que en único chillido reprochaban tu vivencia. Ellos mejor que nadie sabían que estabas fornicando con inalcanzables pensamientos. Ellos te decían cómo es que usaste las palabras que tenían para tus perniciosos fines. Leer mi amigo, es un arma de doble filo: conocimiento aporta y por ello malestar, vértigo, confusión y falsos sentimientos. Traidores pensaste que eran los libros al decirte que tu vida un sin sentido era. Tanto leer tus propios sentimientos se transformaron en un oscuro charco de agua estancada. Ya nada sentías, ninguna agua nueva te fluía por dentro, en un pozo con fondo sucio habías formado tu conciencia. Una solemne mentira te decían los libros que vivías… acertaban, muy bien lo sabías. “Nada pudiste sentir, no elevaste tu conciencia, ni un peldaño ascender lograste” era el grito que en tus oídos retumbaba. Entendiste que al leer entablabas un diálogo con los titanes muertos; sabes ahora que con ellos no se juega. Preparado uno tiene que estar para resistir conversaciones duras.


III

A partir de ese momento quisiste huir del cuarto en el que estabas pero las cosas no te dejaban. Empezaste a escuchar el reloj que de la pared colgaba: Tic…… Tac…… te decía.
Tu escritorio, los ojos no te había apartado de encima. Balbuceaba cosas que no entendías. En él pasabas horas escribiendo ensayos que a nadie servían. Las palabras de otros con palabras distintas y las distintas palabras con otras palabras, sólo eso escribías. De ti no contabas, realmente nada tenías que decir porque nada en ti había. Oquedades, profundas oquedades habitaban en tu conciencia y solamente surgían los ecos de las palabras guardadas de todo lo que leías. Tu obrar escrito mostró su rostro verdadero, era el rostro vacío de un hombre sin ley, sin palabra. Entender quisiste, en ese momento, al descalabrado escritorio; sin embargo, confuso, incoherente y ajeno se presentaba todo para tus sordos oídos. La peor de las torturas pensaste que era no oír al único testigo de tu fértil obra escrita. Nada decía ella —tu obra— nada que entender pudiera un ser que sólo padecía el delirio de aquel instante.


IIII

Pensaste en la oscuridad —que posesionada ya estaba de aquel cuarto— como cómplice de ese fatal momento. Acudiste entonces a la lámpara que estaba callada. Cuando lograste prenderla un destello de fuego quemó tus ojos; así supiste que el ser está calcinado de fuego desde el principio de los tiempos. Todo el cuarto se iluminó de una intensa llama que te cubría. El génesis de la vida, la ardiente experiencia vital que se va apagando, que de las manos huye como las cenizas… todo ello quedó petrificado en esos segundos de vida.
Tic…… Tac…… seguías escuchando.
Toda la vida quisiste ser un iluminado pero recién te dabas cuenta de que no había en ti agallas para resistir hazaña semejante. Luz en todo el cuarto se hizo y, aún así, nada te salvaba de aquella vivencia plena.


V

La ventana que en tu cuarto vivía te hizo añorar las cosas profundas quie la naturaleza nos muestra. Sin embargo, al mirarla, encontraste el reflejo del vacío rostro que miraba la hueca mirada que nunca esconder pudiste. El reflejo de un moribundo que nada dejaba a la vida sino una cosa más que se pierde… eso viste. Eras eso, nada más.


VI

Tic… Tac…
Tic… Tac…
La fiel guardiana de tus sueños te abrazó de golpe. Te hundió en sus fuertes garras castrando cualquier movimiento que intentaras. Atrapado estabas, escuchándola decir que los sueños de la realidad no te sacan. Tantos sueños para acabar en la inútil vida que siempre llevaste.


VII

Un pedazo de hierro, no muy largo, feo. En el límite momento, seductor y tibio se vuelve. Su carne dura es la más deseable. Va hacia ti, te llama, te busca, quiere absorber el mundo que llevas. Suavemente se posa en tus manos, en la posición justa para decirte: “te amo”. Te llama con un rugido que en tus oídos estalla. Aunque lo hubieses querido nunca hubieras podido rechazar su grito.
Tic… Tac… Tic… Tac… era lo único que ahí se movía.


VIII

El canto del reloj fue lo último que escuchaste. Luego cosa fuiste, parte leal del mundo de las cosas.


Fin de El Cuarto

Lectura en escena de El occiso

Esta es una lectura en Escena de El Occiso, de María Virginia Estenssoro, por Oscar E. Jordán Arandia


Buenas Noches.
Me llamo Negro Jordán, me dicen Oscar.
Soy Lector, he leído El Occiso, de María Virginia Estensoro, lo conozco de memoria. Quiero Contarlo.
El Occiso, de María Virginia Estensoro, publicado en La Paz, en abril de 1937. En la primera página dice:
"Este Libro es una crucifixión y un INRI", Crucificar significa clavarse en la cruz, y el INRI es la inscripción que se hace en la cruz del por qué se ha sido crucificado. Así, con este libro, María Virginia Estenssoro se crucifica en vida y en ese mismo libro se inscribe las razones del por qué se ha crucificado.
"Este Libro es una crucifixión y un INRI".
En la segunda página dice:
"A la memoria de Enrique Ruiz Barragán.
En la desolación de mi vida;
En la soledad de mi corazón,
Se ha engarfiado el dolor
como un áncora, en el fondo del mar.

Y en la tercera página, cuando empieza el primer cuento del libro dice:

"El Occiso
11 de abril de 1937

Fue como un despertar.
Un despertar de sueño clorofórmico.
Un despertar que venía de la nada, una nada hecha de pesadilla y de opresión.
Le arrancaron la vida de cuajo.
Y se congeló de Infinito.
Y ya no sintió más.
Se transformó quizá, en un trozo de hielo tal vez, en una piedra fría y negra.
Y ya no fué.
Ya no fue... Y ahora, era otra vez.
Había vuelto de la nada, y en la nada seguía.
Estaba formado de vacío, de silencio, de inmovilidad y de frío.
De un frío de éter.
Era ahora, de éter y de desesperación.
Había despertado de un sueño clorofórmico, con una lentitud de siglos.
Había despertado de un sueño de piedra, en una vida de hielo.
Despertó muerto.
Estaba muerto: sin voz, sin movimiento, sin vista, sin calor!
Con la sangre coagulada.
Con los miembros yertos, tiesos y endurecidos.
Con las pupilas fijas y dilatadas, como bolas de cristal.
Con las manos crispadas, los oídos tapiados, y el cerebro en febril actividad...
Entonces, su desesperación, su angustia, su vacío, su soledad y su silencio, se agudizaron, se exasperaron, y se poblaron de horror: se llenaron de tinieblas y de nieblas; de penumbras de orto y de oscuridades de pavor...
Pensó.
Primero poco a poco; después, con celeridad pasmosa, con velocidad inconcebible, atravesando todas las capas, y todos los límites, y todos los espacios.
Galopó sobre el Tiempo y bebió la Distancia.
Fué más allá de lo Eterno y lo Absoluto.
Y el pensamiento se le rompió de pánico, se le quebró de espanto, se le trizo de miedo.
Si hubiera estado vivo, se le habrían erizado los cabellos mojados de sudor, y se le habrían desgarrado las fauces como ramajes resecos.
No pudo gritar.
Ni pudo levantarse ni huír.
Estaba amurallado en el ataúd.
Muerto.
Definitivamente muerto.
Era el occiso.
Era el occiso, el difunto pálido, el extinto lívido.
Era el finado de los cuentos de ánimas.
Y el muerto, el fantasma, sufría tan horriblemente, tan espantosamente, como nunca pudieron sufrir todos los vivos.
Era un terrible automartirio en el que el pensamiento le servía de estilete y de cuchillo.
Era un dolor tan enorme, que fué haciéndose palpable y consistente; que fue espesando el vacío, colmando la soledad, volcándose en la nada.
Era un dolor profundo y hondo como el agujero en que yacía; un dolor profundo y hondo que crecía y se agigantaba, y que iba, tal vez, a romper la caja, la muralla, el límite.
Y el occiso tremaba de alegría al pensar en su liberación.
El hombre resurgía en el muerto, y soñaba como hombre que fué, no como larva que era, como fantasma que nacía.
Saldría, con su suplicio tremendo, de este in pace implacable, y podría expandirse, esparcirse, volar!...
Pero, después, como a un hombre, le retornaba la duda. Y comprendía que se quedaría allá. Bajo la tumba blanca de cal. Encajonado en la madera dura. Por siempre, por toda una eternidad.
Y el miedo se le enroscaba otra vez en el cerebro. Se le ovillaba en la mente. Y lo enloquecía de pavor.
Pavor.
Pavor por qué? Si en las horas pretéritas, después del día de fatiga, de trabajo o de placer, sentía esa dulce alegría con la pequeña muerte de cada noche y se tendía blandamente en el túmulo blanco del lecho para ser CADÁVER unas horas.
Pavor por qué?
Y el occiso seguía pensando. En un suplicio cada vez más inmenso y más feroz. Tan inmenso y tan feroz que se hinchaba, inflando y conmoviendo la fosa con un rumor sordo y lúgubre.
Y la nada se volvía densa. La nada se espesaba de una lava pululante, de un líquido viscoso, con olor a humedad y a moho.
Era que su pensamiento había envejecido y se cubría de herrumbre y de orín? Era que su dolor se materializaba, convirtiéndose en una vegetación parasitaria que, como inquieto azogue, le nacía por los muslos, por las corvas, por el vientre, en el cuello, en el pecho?
Era que un hedor fétido, con olor a podredumbre, le brotaba por las cuencas orbitarias, le escocía en las fosas nasales y le resbalaba por los pómulos como gotas de sangre tibia y negruzca?
Eran los gusanos?
Ay!
Eran los gusanos!
Ay! Ay! Ay!
Eran los gusanos, gordos, redondos, pegajosos, viscosos, llenos de babas y de pus.
Eran los gusanos que se arracimaban, que se multiplicaban, y que crecían, subían, bajaban, y corrían por todo su cuerpo en surcos flemosos.
Eran los gusanos que se lo comían como pulpos ávidos, como vampiros insaciables y voraces.
Eran los gusanos que le chupaban todo el ser, con besos asquerosos de encías desdentadas.
Eran los gusanos. Sus compañeros últimos. Sus amigos postreros que llenaban su vacío y su soledad.
Y el occiso iba desapareciendo cada vez más rápido y deshaciéndose más pronto en tal compañía.
Las costillas, desmachadas, se astillaban, desprendiéndose del esternón.
Los órganos, las vísceras, las entrañas, habían desaparecido.
El cuajarón sanguinoliento del corazón que estaba congelado, pero en su lugar, se había desgajado de raíz.
La carcoma le roía los huesos. E iba trepando implacable.
Por los oídos sintió una salmodia de réquiem, un doliente himno ultraterreno.
Y, de la superficie del cráneo mondo, penetró aquella masa pegajosa por la cavidad de la cabeza y fue rodeando los caracoles de las circunvoluciones cerebrales.
Y otra vez, el occiso, se perdía, con lentitud de siglos, en el sueño clorofórmico.
Otra vez era de hielo de éter y de nada.
Todavía le quedaban retazos de pensamiento, girones de idea.
La memoria se iba hundiendo lentamente en un bloque de algodón.
Ya no sabía.
Se esforzaba en recordar.
Qué había aquí ahora hace un minuto
Qué había? Qué había?
Persistía aún el recuerdo fugaz:
Un tul color de naranja rodeando una garganta.
Pero, enseguida, inmediatamente, ese mismo instante, no había ya color, ni tul, ni garganta.
Qué tenía aquí, ahora, ahora mismo?
Qué! Qué! Qué!
Le quedaban todavía dos compases, ocho notas de un minueto de Beethoven.
— Tralalá, lalalalá, la, la, lá...
Y ahora?
— Tralalá, lalalalá...
Y ahora?
— Tra... lá...
Y no más.
No más
Estaba otra vez perdido para siempre en la nada. DISUELTO en el vacío. Hundido en el sueño clorofórmico.
Se iban alejando los gusanos.
Habían terminado de comer.
Sin embargo, uno insistía. El último. Chupando impávido el único cuajo de sangre que quedaba.
El último gusano... El último gusano... debía ser de luz, de una luz verde.
AY!
Y el grito del occiso al terminar fue un grito de espasmo, una convulsión de placer. Fue como la postrera eyaculación.

Fuera rebrillaba el sol y anidaban los pájaros en los ramajes verdes y jugosos cantando como locos.
Y el occiso, todo espíritu, se bañaba en luz."


Fin de El Occiso

lunes, agosto 21, 2006

NEGRO


NEGRO


A Rosa Magaly
Y a Cucho


Al elegir Negro mis manos para que ellas articulen sus letras, quiso él enfrentarse a los jueces y desafiar a los verdugos.
La poesía es canto, requiere ser cuerpo y palabra, movimiento y figura, danza y paisaje, requiere delirio y espectadores que alimenten su fuerza en la catarsis colectiva, para expandirse y ser mundo.
Negro viene del frío a mis manos para ser letra y escenario. Escribirlo fue asunto de vida o muerte. Sea pues Negro bienvenido.
Presento a Negro ante sus jueces y verdugos, aquí mi labor se acaba pero confieso que perdí un pedazo de sangre, de carne y de piel seca.

La Paz, octubre, 24 de 2002


Advertencia


Aquí el primero es último porque el cuarto es tercero y el segundo está primero. Ruego respetar el orden y no intentar empezar por el cuarto que es en realidad el primero ya que se inicia siempre en el segundo, segundo que aquí es en realidad tercero.
Las consecuencias que ocasione el leer en otro orden que no sea el indicado serán de absoluta responsabilidad del lector.

EL AUTOR



Canto II
Primer Tono del Canto Segundo

Y en medio de la suspensión
me nace un reflejo
cálido, candente
y una voz
sin eco
llama y me nombra
separándome del espejo
con lentitud se asoma
en rojiza y amarillenta forma
al cielo escupe azul
y se adivina una luz de fuego
y se descubre el salto
y te separas sin alejarte
y somos de nuevo
y respiramos
y la piel iluminada en sangre


Segundo Tono del Canto Segundo


Nos encontramos siendo
estando nos vemos
sintiendo el pálpito en la claridad
el mundo aquí y no allá
y piedras en un paisaje inmóvil
que cierra inquebrantable
la esfera diminuta del tiempo
cristal de agua sin forma
blanda de piel
extendida en todo mi cuerpo
con solamente tocarme
y enciende en nosotros fuego
que habita la montaña de frío
en ese preciso momento
nos fragmentamos del todo
y son nuestros pedazos huérfanos


Tercer Tono del Canto Segundo


Entonces, sólo un número sin nombre
un elemento en un hueco vacío
yo sin ti
tú sin mí
nos quemamos otra vez
penetra a la luz el fuego
y en el brillo calcinante las pupilas
resplandeciendo de sol
en la oscuridad encendida
hundida en la distancia
que se apaga para encenderse
y luego apagarse para volverse a encender
mientras se traga el oxígeno
que extiende al eco de tiempo
alejándonos del aspecto
del mirar de la mirada por dentro



Cuarto Tono del Canto Segundo


De pronto la sensación de pasar algo sin notarlo
sensación del pasado
y una nostalgia de lo perdido
la luz amarilla persigue otra vez
ahora escupiendo furia
brillan las caricias tocando mis pies
gusta y disgusta doliendo
—te vas—
aparecen y reconozco a otros igual a mí
se quema la piel de frío
empieza a calcinar el mundo
—vienes y estamos unidos—
mata de sol este instante
ciego y sin voz
sombra sin cuerpo
y una lava que arde en los cabellos


Quinto Tono del Canto Segundo


Pupilas rojas encandecidas
destello que arde y estalla
cocinándose están las ideas
temblores cuando las pisadas regresan
y no encuentro alivio para el fuego que hierve en las venas
todos los momentos entrando
hasta llenar esta cabeza encendida
dejando la claridad desvanecida
tibio se torna el brillo enrojecido
los párpados apagados se abren
emergen despejadas mis pupilas
y aparece alguien ante el reflejo del espejo
tiene en la mirada algo cálido y familiar
y hace una mueca de bienvenida que de tan cercana me es desconocida
con desconcierto me encuentro habitando con un otro igual
justo cuando asomo mi rostro ante el ovalado cristal


Canto III
Primer Tono del Canto Tercero


En el espejo se aparece el dos
pero coexiste una voz —mía—
y un aquí
con piel y latido
luego tú
llevando infinitos otros
bofetadas, palmadas y mi voz
gritando con llanto extraño
anunciando el dolor que persiste en el codo
y un cirujano me pega en la cara
y nace mamá
y mi papá
con el grito de la voz abofeteada nace una canción
una luz unida a la tijera
y mamá abierta de la panza
sangrando


Segundo, tercer y cuarto Tono del Canto Tercero


Me reflejo en el espejo masturbándome en el rincón
resbalo mi deseo en el pupitre de la sala vacía
la Madre Ana ofendida mira desde atrás
con un coscorrón saluda y una oreja me estira
una mancha negra en el cuaderno
y el brillo del sol calentando el pelo

escucho risas desde una voz maternal
papá muriendo en la cárcel imagino cuando recibo un balón
una tras otra resbalo las mesas
creciendo la mañana se extiende
y camina el sol del oriente hacia el poniente
y el brillo del sol quemándome en el pelo

entre hermanos se observan jugando
cómplices de la luna y el deseo
en la hierba y el incesto conozco un frío en el esqueleto
y del pánico despierto al soñarme enano
—feo, malo, con el dedo gritando—
y desaparece el niño en aquel tren lleno de olvido
y como si el reflejo del espejo fuese bienvenido
me escupe su nombre en la cara: Negro
yo cortésmente grito un Oscareduardo
y hay un cristal que nos separa
y una negritud en mi osamenta
y se nombra Negro de nuevo
y me dice mirándome
y proyectan sus pupilas escenas ya pisadas que no las quiero volver a mirar
y me veo calcinado por el Sol
mientras Negro: “un frotecito más, un frotecito más”
y me induce a la caricia
y una vez y otras ciento cuarenta veces más
y ninguna mujer se salva de la fantasía cuando froto y resbalo en la cama o en la mesa
y el brillo del sol quemándome en el pelo

Mira Negro con una cara que me figuro igual a la mía cuando me froto en la caricia
y Negro me cuenta de la almohada y del calzón de señora y del vestido amarillo
y disfruto imaginando a cientos de miles de millones de mujeres desnudas acariciándome
y se está riendo Negro
y varios amigos se ríen de lo mismo
Y se ríen de mí en el colegio
de lo que digo y lo que opino
de los lentes de mi abuela que me los tengo que poner porque sino no veo
pero con todo en el colegio no doy pie con bola
y aplazo tras aplazo hasta salir bachiller
y la pobre de mi madre sufriendo a más no poder
y el Negro mirando
y me canso de frotar
y Negro me dice: “no me mires más”
y yo me alejo del espejo admirado del cinismo con el que Negro me trata
y el brillo del sol quemándome en el pelo



Quinto Tono del Canto Tercero


No hay forma en mí que permita moverme
El espejo infinito se cierra
Y hace que mire Negro desde todos y cada uno de los rincones de mi cuerpo
Y Negro se ha hecho parte de mí y no me había dado cuenta sino hasta ahora que lo siento tocándome la espalda
Que negra noche es la que veo
Mientras el amigo le encaja a mi novia su pene atrás
Y yo llorando sangre y solo
Callado
Las mujeres me dan miedo
El Negro me da miedo
Y mi ex mujer se va con otro
Y me dice que ya estoy deformándome porque escucho voces que me dicen “Jordán”
Y buscando encuentro al velero mago que me escupe en el piso
Y una tirada de 12 arcanos menores y siete mayores me dan buenas noticias
disfrazadas de desgracias, pérdidas y sufrimiento
“¿Cuándo llegaré?”, dice una voz, “¿Cuándo Llegaré?”, dice otra vez


Canto IIII
Primer Tono del Canto Cuarto


Nubes blanquinegras
gota a gota
descienden las nubes a mi cabeza
se asoman y gobiernan
negras campanas de niebla
la luna fulmina al cielo vacío
y pálidos relámpagos
truenan y abren grietas
al azul de estas tinieblas
salta la negrura
blanca tez de un otro sol
en medio del ropaje azul el brillo se hizo noche
apagada la candente figura rojiza
ya nada calcina
sólo aire sin calor
y una nueva morada
sin piel


Segundo Tono del Canto Cuarto


El encuentro se avecina
en este reflejo de luna
en el Sol que ya está luna
en el apagado brillo del cielo
en esta nueva luminosidad
en la azulada cadencia quieta
y la tenue pupila que nos vigila desde la espesura de esta extensión obscura
y se parte el espejo
y desaparece Negro
solo estoy y sin reflejo
sumergido en la sensación vacía
mientras se incrusta en mí el cuerpo
mi cuerpo
y no quiero ser espejo del reflejo
ni oscuridad ni fragmento
ni luna de estas tinieblas


Tercer Tono del Canto Cuarto


Él
esta sombra
claridad luminosa
sol refugio
la imagen ennegrecida
longitud en el reflejo
Negro
nunca ausente
es día en cada figura
sol en cada luna
brillo de la blancura
y amanece en las tinieblas
En la sombra y la luna
nos miramos
sin reflejo
ni espejo


Cuarto Tono del Canto Cuarto


Negro sí está
escondido en el sol
vestido de luna
respirando mi aire
y en la misma palpitación
no es distinto
ni está distante
es mi palidez en la penumbra
y es la misma mi carne y la suya
y el opaco reflejo
y Negro infinito
sin longitud
sin espesura
sin presencia mía
…me hundo ahora…
en silencio


Quinto Tono del Canto Cuarto


Truena el estallido
Luego vacío
Otra grieta de luz en el cielo
Penumbra y otro estallido
Y vacío
Brechas de luz en el universo
Rápidas, violentas
Con gritos agita el viento
Y una melodía moja el suelo
Una marea cae a la tierra
Silbando al tocarme
Empapando su grito
Deshaciéndose al instante
En pedazos se vuelve
y su forma se extiende
a través del espacio de espanto

Canto I
Primer tono del Canto Primero


En medio del abismo
Me encuentro perdido
En la tormenta
En la luna que no brilla
En el sol apagado
En las nubes y la niebla
En el eco
En el hueco
En la gota que cae
Y se deshace
Y en la otra gota que viene
Y en la otra
Y en la otra
Y en la otra
En cada fragmento
De estupor y llanto


Segundo tono del Canto Primero


Siguen cayendo las gotas
Desgranando mi alma los truenos
Inundando la tierra estas lágrimas
Y el murmullo de un río pequeño
Se forma y transforma
en una fúnebre marcha
Profundas raíces de agua
Penetran en el embrión del suelo
La tierra en celo fértil para dar vida
Se extiende sin límite
Fluye en todo
Grave y sin cauce
Piel de suave infinitud
Que todo al tocarte luce en tu humedad
Rodeando al mundo en una blanda manta
Y en la suspensión estoy atrapado


Tercer Tono del Canto Primero


Ecos escondidos
En murmullo y fluido
rebotando
En blanda caricia
y en una bofetada
Tiempo de alta mar
Perdido minuto
Clara briza brillante
Pánico en el roce salvaje
Espesura
Negro en mí
Luz soy
y espejo sin reflejo
Me pierdo ahí estoy me encuentro
En blanco y negro
Navego


Cuarto Tono del Canto Primero


Yace tranquila en el fondo
La subterránea naturaleza
No tiene luna
—sin grito ni trueno ni gotas cayendo—
La agita la nada en silencio
El agua no nace
Y el brillo es ceniza
Blanco ennegrecido en la negrura
Por el negro blanquecido de blancura
Yo en Negro
Negro en mí
Total en el tiempo
Ni nosotros ni más allá
Uno aquí
En fundidas distancias
De negro y blanco


Quinto Tono del Canto Primero


No hay brillo
No hay Sombra
Ni espanto
Ni risa
No hay lejos
Ni cerca ni mucho ni poco
Silencio
Vacío
Eco en el hueco
Yo
Negro en blanco unido en blanco en Negro
Suspensión
Lamento
Y Luz
Siempre luz
Y de pronto, un reflejo


In Memorian Negro

Soledad

Soledad


El cuarto de los espejos


Canta el gallo. Buenos días día. Hoy nuevamente te habito, otra vez en tu conciencia. El cuarto brilla en la luz del sol, la ventana me permite sentirme atravesado por los rayos de fuego… Hoy como ningún otro día me quemo. Mis pies tocan el suelo. La cómoda, el estante, la cama que rechina, la ventana de la luz del día y de la noche, también la ventana de la luna. Otra vez me siento mirado por lo que no mira, sentido por lo insensible y presente en toda esta presencia. Días así me traspasan constantemente, días en los que me pierdo entre todas las cosas del mundo que se me aparecen y que las percibo con la emoción de una primera vez. Son días de verdadero fuego interno, donde mi conciencia se hace algo distinto de mí mismo. Aquí, en mi cuarto, los objetos descansan, me ignoran, y hacen con su incomunicación y con su silencio las cualidades irreversibles que nos separan eternamente. La cosa está ahí, estática, y no sé si me mira o no. Está presente como lo estoy yo, pero no sé si percibe mi presencia. Con las cosas sólo consigo sentir que me ahogo, por eso necesito salir a dar cuenta al otro de mi propia existencia. Frente a mí está la rosa que Ana me había regalado. Es una rosa, es roja, y está casi muerta. Agoniza desde hace horas en un tarro con agua. Pronto el cadáver de la rosa quedará en mi cuarto. La próxima vez que vuelva a pensar en esta rosa de seguro estará muerta hace ya varios días. Cuántas veces he dejado marchitar una flor con la más absoluta paciencia, con la más cruel conciencia. Mis ojos se quedan en un pétalo de la rosa, mis labios le besan y se despiden. Es un adiós para siempre. Lo sé. Abro las ventanas y el viento de la mañana me canta. Respiro el aire profundamente para meterlo en mi cuerpo. Siento el frío de la brisa que es calcinado por el fuego que me traspasa. Estoy ardiendo, estoy… estoy. Estoy presente. Todo cuanto me rodea no está realmente en mí sino fuera, nada todavía ha penetrado en mi alma. Siento la ausencia de mi presencia en la otra presencia y no sé cómo soportarlo. ¿Me estarán mirando las cosas? Su indiferencia me hace sentir la presencia y la ausencia. Las cosas que no se comunican me obligan a reparar en la soledad de mi vida, como la única verdadera imagen que me habita. Millones de palabras y conceptos se ocultan en los libros de mi estante, ellos estaban vivos alguna vez. Hoy todo me condena a mi propia mirada. Las cosas, con su inmovilidad y silencio, me arrastran hacia aquellos confines.


La resonancia del laberinto


Atravieso la puerta con destino al mundo. Salgo a mirar el sol de la calle y observo una calle con sol. Mientras respiro, olvido que respiro. Mecánicamente, avanzo por la vereda. Grandes estructuras de piedra y ladrillo marcan una presencia que pretende imponerse, fingiendo una solemnidad que está ausente. Cajas duras de mirar hueco, ventanas, puertas, rectángulos y cuadrados que imitan el rostro en la piedra. Esa casa se ríe y la otra llora. Aquella hace gesto de atolondrada. Más allá un edificio que ni mirar hueco tiene. Vuelco hacia atrás y miro como he pasado desapercibido a los árboles. Pienso en ellos como un adorno . Me da asco pero continuo mi camino. Solamente ahora me doy cuenta del ruido que hay en la calle. Miles de ruidos que se hacen masa invisible. Autos, personas… tantas personas. Los autos, como las casas, simulan ser también personas. Imitan los ojos, la nariz y la boca. Son caras de metal que de pronto me dan espanto. Cada forma y estructura es una imitación de la cara del hombre. Patético. La humanidad en movimiento. La humanidad funcionando. Todo parece humano y en todos lados hay humanos. Forman y deforman a las cosas para que se parezcan a ellos. Hacen y deshacen. Sin ningún remordimiento de conciencia transforman la apariencia de las cosas. El tiempo debería ser el único hacedor de formas, el lento verdugo que descuartiza y mutila. Esto esta lleno de hombres. Alguien podría olvidar las cosas en este laberinto lleno de personas. He ignorado a los arboles y a las plantas, he dejado de sentir el aire y el sol. Ya no estoy mirando al cielo, al cielo que es infinito. Una música. Otra. Bocinas. Gritos. Motores. Taladros. Sonidos agudos y graves. Los pasos, los neumáticos, las puertas que se cierran, el carro que arranca, una moto que pasa. Un camión. Risas, carcajadas. Zumbidos permanentes y ya mis oídos no resisten. Escapo lejos del ruido pero no existe ese lugar. No hay lugar sin bulla, no aquí adentro. Una calle me lleva a otra calle y ésta, a su vez, a otra y así sucesivamente. No hay lugar sin calle. Estoy caminando distancias horrendas buscando llegar a un lugar que no había. Y no hay. Me estaba buscando desesperadamente en esta locura frenética en la cual uno se pierde, ni bien atraviesa la puerta. Ahora entiendo que la ciudad es un laberinto que sólo tiene refugios. La gente decide vivir enclaustrada en él, ni siquiera se necesita obligarlos a ello. La ciudad es un lugar perfecto para perderse, olvidarse de uno, y quedar vacío. No se forma parte de uno mismo ni de la sociedad. Adormecidos viven estas tantas personas. Vacías están y jamas se llenan. Vacías son. Necesito mirarme en el silencio de mi cuerpo. Hoy todo me condena a mi propia mirada.


El fuego que me calcina

El ruido que me confunde. La cabeza estalla agobiada por los infinitos pensamientos. Todo puedo mirar menos el mirar de mi mirada, oculta en un rincón del cuarto.
Traspaso la puerta. La calle se pierde. El sol no está ya atravesando mi ventana. El cuarto anochecido. Mi cuerpo que se abre al piso. El piso me recibe, me abraza, me asfixia. El piso se calienta ante el contacto de la piel. Mi cuerpo se quema. Fuego... Fuego en mi cabeza. Grito y no hay grito. Entonces no grito sino que callo. Me escucho respirar. Descubro estar llorando. Percibo la lágrima recorrer mi mejilla. No me siento vacío. Estoy presente escuchando mi propio silencio. Escuchando el silencio del piso, de la cama y de la ventana, se aprende a entregar el cuerpo al fuego: para que me calcine. Mis oídos notan el arder de mis ojos. Ojos de fuego que miran a la cosa, le miran la mirada que creía perdida. Soledad, estas presente tan solo cuando me pierdo por dentro. Me pierdo en mi y tú apareces. Me pierdo hasta desaparecer en mi cuerpo que se calcina. La cabeza se calcina. La soledad se presenta matando al vacío de todos los días. Se presenta ante mí y mirándome como miro se revela el abismo infranqueable de este cuerpo que se va calcinando en el fuego que se consume. Fuego. Mirarse es fuego y quedarse fusionado; es vivir para siempre en la irremediable soledad y quedarse junto a uno mismo, y por supuesto, junto al fuego. Ya casi no hay espacio en el piso. Me voy extendiendo y fusionando con las cosas. Hago parte a todo de mí mismo. Hago parte a mi cuerpo de la mirada que nunca acababa de mirarse. Me estoy mirando. Por fin me miro y jamas los días podrán ser vistos. Ya jamas miraré la luna. Ya jamas el sol traspasará mi cuerpo y la ventana. Ya no miradas burlescas de estas tantas personas. Ya no mas las calles laberínticas. Ya no mas ruidos. Ya no mas vacío. Ahora soy ruido y laberinto y esas tantas personas y esas miradas y ese sol y esa ventana y esa luna y esta mirada. Ahora soy todo, soy yo. Soy yo en la mas absoluta soledad, en la única, en la Irremediable, en la infinita. Soledad: en ti calcinado para siempre. Por fin y para siempre.


Fin de soledad

viernes, agosto 18, 2006

Crítica a la película EL Clan

Cines, cineastas y el delirio de hacer arte en Bolivia

”Es un coktail de sensaciones”, dijo Sergio Calero, director de la película El clan, su obra primera que fue estrenada en el cine 6 de Agosto, el pasado 20 de julio.

Oscar E. Jordán Arandia

Por dos motivos la presentación de la película boliviana El clan, del director Sergio Calero, tiene un toque especial. Primero, porque se trata de una producción nacional, y segundo porque coincide con la reapertura del cine 6 de Agosto, el cual tuvo que cerrar sus puertas en enero de 2006, por una deuda contraída por los propietarios. Ahora, la Municipalidad de la ciudad de La Paz está a cargo de esta sala, que tiene ya 52 años de funcionamiento, desde 1954, fecha en la que se estrenó con la película Ben-Hur, de William Wyler, protagonizada por Charlton Heston y Kirk Douglas. La sala, en ese entonces, tenía una capacidad para 80 personas pero hoy puede albergar a más de 440.
“Un poco de pánico, con un tanto de alivio, algo de temor pero mucha alegría”, así la define el director, esta su primera obra. A Sergio Calero no le interesa “esa especie de aureola que cargan algunos cineastas, como si fueran unos elegidos a quienes hay que agradecerles el que hagan cine en Bolivia”, más bien está en busca de “una ética de humildad, respeto y agradecimiento [...] no por hacer una película ya eres un director de cine, creo que ese título lo pondría en mi carnét de identidad después de parir varias obras, después de sobrevivir a muchos temporales emocionales y a pesar de ello aún mantener la llama encendida para seguir haciendo cine”.
Y la pura verdad, Calero hace bien en no pretender ser un cineasta, no tanto por su actitud humilde sino más bien por la pobreza estética y, en general, técnica que hay en El clan. Pero primero, escuchemos lo que tiene que decir Sergio Calero.

— ¿Cómo te sientes al estar empezando a consolidar, con El clan, un oficio (¿el de cineasta?) que te permite ganar un espacio en el mundo, como algo que te permitirá sobrevivir, y a la vez emprender un trabajo artístico, a pesar de que el arte es una actividad poco rentable en Bolivia?
— Sinceramente, no creo que una película convierta automáticamente en un “cineasta“ a quien la hace, tampoco me interesa el rótulo, ni formar parte de una asociación del rubro. Es más, no creo que cambie demasiado mi cotidianidad y mi forma de ganarme la vida, principalmente porque El clan no es una película vendible, ni rentable. Pero tampoco me preocupa porque el objetivo nunca fue hacer una película complaciente que me convierta en director de cine, ha sido mas bien la necesidad de expresar un inconformismo a través de una propuesta audiovisual.

— ¿Es contradictorio pretender vivir del arte en Bolivia?
— Creo que el arte debe ser asumido como cualquier otro oficio, es necesario quitarle la aureola de divinidad que ofusca y engríe a quienes pretende hacerlo. Personalmente “vivo del arte“, porque me motiva, me permite expresarme y si encima me permite trabajar honestamente, me da lo suficiente. No busco, ni espero que se me agradezca por hacer arte, en todo caso el agradecido soy yo.

—¿Esperas poder recuperar la inversión de El clan?
Comenzamos el proyecto sabiendo que no sería rentable y no esperamos recuperación económica, es mas decidimos bajar los precios de las entradas a la mitad de las otras salas porque la verdadera recuperación estaba en la reacción del público, y una serie de profundos comentarios de gente de a pie que se sintió tocada por la película ya nos ha devuelto el sudor invertido, que a la larga es el más costoso.

—¿El cine te podrá dar cierta retribución económica?
— En este momento resulta difícil, porque la gente ha dejado de ir al cine, y mientras no se trabaje en seducir nuevamente a los públicos para que salga de casa y vaya a una sala, pague su entrada y vuelva a disfrutar del cine, no va cambiar demasiado el panorama. Además de otra batalla, la estrictamente cinematográfica, que recuerde a los públicos (especialmente jóvenes) que el buen cine no pasa necesariamente por efectos especiales y por historias de héroes y villanos, en pocas palabras que el cine no es Hollywood.

—¿Podrás vivir del cine?
—Yo no,


Crítica al Clan

Le pedí a Sergio Calero que me cuente de qué trata El clan, y él contó así la trama de la película:
“El clan es un grupo misterioso que ante la tardanza de la justicia decide llevar adelante acciones radicales contra la corrupción, allí se cruza un viejo político que le toca pagar sus pecados con la sociedad, dos jóvenes obligados a descubrir la verdad de su padre y una exitosa presentadora de televisión que se convierte en titular de su propio noticiero. Es una reflexión sobre la corrupción, la impunidad y el poder de los medios de comunicación”.
Y quizás sería bueno empezar hablando del tema de la película, el guión y la trama.
Para empezar se trata de una trilogía, con tres micro historias, todas guionizadas por Sergio Calero. Las tres partes coinciden, temáticamente, en su inconsistencia para definir a los personajes y para sobrellavar los conflictos, por eso todas las historias tienen un cierto carácter común que si bien brillan por su mediocridad también le dan a la película cierto cuerpo, es decir, una especie de estructuración que permite unir la triple fragmentación, ya de por sí planteado en el filme.
Las partes de la película son: El convenio Z, La firma y La mejor noticia es la mala noticia.
En la primera parte, El convenio Z, se puede ver un bosquejo de algo que pretende tener una estética vanguardista, con elementos surrealistas e, incluso, algo psicodélico, por decirlo de alguna manera. Es quizás la parte mejor lograda de la película, pese a sus múltiples defectos, y gran parte de ello se debe a la semejanza indirecta que se tiene con un momento histórico de Bolivia y que tiene que ver con el ex presidente Gonzalo Sánchez de Losada. Claro que las referencias son mezcladas con la ficción y que en ningún momento se explicita la vinculación con personajes de la realidad, es más, está la advertencia típica de estos filmes en los que se dice “toda semejanza con personajes, hechos o lugares son pura coincidencia”… Pero, a buen entendedor…
La segunda parte, La firma, es la peor a pesar de que se puede encontrar ciertos beneficios, por ejemplo, la actuación de Clara Ríos Grissi que si bien no es ninguna maravilla, es posible que con mucho trabajo llegue a consolidarse como una verdadera actriz. Quizás el error más frecuente que hay, desde el punto de vista de la actuación, es el de creer que se está actuando en una obra de teatro, lo que ocasiona que todos hablen con esa tonalidad típica de los que farsean su papel hasta el extremo —pan de cada día en nuestros actores y actrices teatrales— y en cada situación de conflicto pongan esa cara de “yo no fui” pero mirando con ojos de “yo sí fui”… es decir, la contradicción total entre la expresión y el sentir del personaje que se refleja a través de la mirada. Un buen actor no debe aparentar sentirse de de tal o cual forma, no vale fingir, hay que sentirlo, y ese sentimiento sólo se puede dar a través de la mirada, si uno siente amor, se nota en la mirada, y si no lo siente no podrá demostrarlo mirando, por más que jure y recontrajure su amor eterno. La firma tiene, además, el peor guión. Es una barbaridad en estéreo y multicolor en la que las cosas se resuelven sin ninguna vinculación con los hechos precedentes, queriendo combinar la metáfora de los juegos en computadora con la vida real de una manera tan tosca y grosera que parece un ejercicio de alguna escuela de cine, hecho por pseudos amateurs.
La tercera es la vencida… La mejor noticia es la mala noticia. Esta tercera parte es la más trabajada en lo que concierne al guión o a la trama, pese a que es un argumento absurdo y fuera de toda credibilidad, no tanto por la historia sino por cómo está tratada. Pero, como se dice, no por mucho madrugar se amanece más temprano, y no por estar más trabajada los resultados son mejores: lo que natura no da… El gran problema es que Sergio Calero no tiene ninguna visión cinematográfica, no sabe usar las metáforas visuales, no sabe cómo contar una historia sólo con las imágenes por lo que tiene que recurrir a diálogos absurdos, escolares, casi de relato infantil y que de la nada te resuelven un conflicto que no tenía pies ni cabeza. Calero tampoco tiene cuidado en la edición, es más a su continuista debería encarcelarla porque en todas y cada una de las partes se ven fallas que lindan en lo inusuales de tan evidentes que son. Desde detalles como estar buscando en la Internet con el modem desactivado —y aparece en la pantalla el mensaje “no se puede encontrar el servidor”— hasta el reflejo en la ventana del que sostiene el micrófono, mientras la actriz está mirando o sonriendo a no sé quién en momentos en que el conflicto está en su cúspide. O el cubrir las ventanas de la casa con trapos negros en una escena y a la siguiente con las ventanas bien abiertas como si aquí no pasó nada. Errores como estos se repiten por lo menos en 45 ocasiones —que fue las que conté— lo cual la hace, de por sí, una película muy mala y que no debería habérsela presentado nunca, por lo menos no esas condiciones. Es el colmo de la mediocridad. Las cosas o se las hace bien o no se las hace. Por eso celebro el que Sergio Calero no se considere un cineasta… me atrevo a decir que nunca lo será.


Ficha técnica de El Clan

Guión y dirección general; Sergio Calero Cueto
Cámara y fotografía: Wálter Nogales
Sonido: Alfredo Mamani
Producción: Guadalupe López
Actúan: Wilson Gisbert, Lucía Sauma, Franz Chávez, Ricardo Miranda, Martha Osuna, Juana Bautista, Adolfo Rivero, Mabel Romero, Dagner Salvatierra, Valeria Yapur
Asistencia de producción: Jacqueline Quisbert
Producción Ejecutiva: Carola Antezana
Música: Compuesta por Sergio Calero
Continuidad: Fernanda Bilbao – Kattia Calero
Sonido 1er. Episodio: Juan Cadena
Iluminación y efectos:
1er y 2do episodios: Rafael Flores
3er episodio: José Andrés Múñoz
Asistencia de cámara y rodaje: José Luis Quisbert, Daniel Suárez, Julio Mamani, Zacarías Mamani, Verónica Humerez
Diseño gráfico: Salinasánchez
Impresión: Artes gráficas Sagitario.

Otras películas nacionales

Además de la película El clan, en octubre se estrenará en el cine 16 de Julio la nueva película del director Antonio Eguino, Los Andes no creen en Dios, que aún está en etapa de posproducción en Buenos Aires, Argentina.
El estado de las cosas, del director Marcos Loayza tiene previsto estrenar en La Paz, también en octubre esta cinta que refleja los cambios que se han dado en los últimos años en el país.
También está pendiente el trabajo de Carmela Márquez, con su filme No le digas, acerca de la vida del poeta Jaime Saenz, que estará listo antes de fin de año.
El documental Coca, de Roberto Lanza, director de la escuela de cine de Cochabamba La Fábrica, también prometió exhibir su trabajo para este año. Se espera de igual manera la llegada del nuevo filme de Diego Torres Vida travesti, que se estrenó en la Mostra Internacional de Cine Gai Lésbico de Barcelona 2006. Se desconoce la situación de I am Bolivia, película de la directora rusa Anna Kalashnikova, que reside en Santa Cruz.


La sala 6 de Agosto

En total, la sala de cine 6 de Agosto consta de 440 butacas y un escenario. La Unidad de Patrimonio Tangible y Natural le ha dado una categoría A al sector correspondiente a la estructura del cine, lo cual significa que tiene un valor arquitectónico absoluto, único e irremplazable. La planta baja está compuesta por el hall principal a cuyos costados se encuentran los baños, la cafetería y la boletería. El Mezzanine está equipado con baños, la administración, sala de máquinas y un área de 180 butacas.
Según informaron las autoridades del Municipio, el Banco Mercantil era el custodio de esta edificación, luego de que el anterior propietario incumpliera algunas deudas que sostenía con la entidad financiera. El Gobierno Municipal adquirió la propiedad por el valor de 560 mil dólares.
Según el Alcalde Juan Del Granado existe un convenio con la Cinemateca Boliviana para que el cine se convierta en un espacio de exhibición, debates y enseñanza.

(Con información de La Razón, La Prensa, Hoy Bolivia y otros medios de prensa virtuales)